Esta es parte de la historia de un muy estimado personaje, que compartió parte de su larga vida conmigo. Un compañero muy particular, de gran genio y carisma. Ni siquiera con su mayor esfuerzo supera los 40 cm de altura. Usa un gorro de punta, desteñido por los años, que en sus días de gloria debió ser de un rojo punzo, y que hoy desluce un rojo ceniza matizado. Las facciones de su cara están cubiertas por líneas bien marcadas, pero que no llegan a ser de gran profundidad. Sus ojos de un azul oscuro dan la impresión de contener un sinfín de secretos, y a pesar de los años conservan un brillo casi adolecente. Suele llevar una camisa de color caqui que siempre usa arremangada. Y a la cual le agrego unos bolsillos en cada manga, en los que siempre tiene alguna herramienta o pieza de alguno de sus trabajos. La camisa siempre la lleva bien sujeta dentro de los pantalones, de corderoy de color gris oscuro. Todo ajustado a si cintura por un cinturón de cuero, con una hebilla trabajada muy prolijamente en bronce. Por ultimo su calzado, son unas sandalias de cuero que le acompañan desde que lo conozco.
Por profesión se podría decir que es una esmerado orfebre, pero se verdadera pasión son la astrología y la alquimia. Muy diestro en ambas, aunque yo en verdad no soy quien para juzgar eso. Pasa sus días entre su taller y en su tiempo libre se dedica a lecturas varias, o contemplar el movimiento de los astros si es que no esta ocupado entre sus mermitas o atendiendo algún asunto de nuestra pequeña comunidad.
Pero bueno suficiente saben ya, para lo que me resta contar. Cuando entre a a mi casa todo parecía normal, nada fuera de lugar, todo tal cual lo había dejado días atrás por la mañana al salir. Apenas ingrese, como siempre al volver me tire un rato en mi sillón preferido a ver algo de televisión. Mientras en mis ojos desfilaban imágenes de noticieros, peliculas, series y otras cosas mas, gracias al zapping, me empezó a dar hambre. Después de juntar fuerzas me levante de mi acolchonado asiento y fui a la cocina. Y ahí encontré un espectáculo impredecible.
Al principio crei que se trataba de unos platos rotos, me imagine que tal vez por una fuerte ráfaga los platos sobre la mesada se habrían caído, pero al mirar la ventana, esta estaba cerrada. En ese mismo memento una caricia helada bajo recorriendo toda mi espalda, en mi cabeza todo se arremolinaban mil ideas. Lo que tenia ante mis ojos no era ni mas ni menos, que el cuerpo hecho añicos de uno de mis compañeros de casa. Me acerque desesperado a su lado, preguntándome si habría algo que pudiera hacer, pero la respuesta era obvia. Mirando detenidamente las piezas del rompecabezas que tenia en frente, que hasta no hace mucho formaban un enano de jardín, me doy cuenta de que lo que tengo entre manos son los restos de Gauiter.
Lagrimas comienzan a correr por mis ojos y caen sobre su restos. Por un momento se me cruza la idea de pegar todas sus partes, con la intención de devolverle la vida. Pero realmente no me siento para jugar a Frankenstein con uno de mis más queridos amigos. Y temo por cual pueda ser su reacción, al ver que sus partes antes unidas en harmonía ahora apenas reflejan la armonia de sus primeros días. Y mas que nada como se vería afectada su personalidad por este ensamble. Y peor todavía si cualquier material ajeno a él pudiera formar parte de su cuerpo por un descuido mio al unirlo.
Por lo cual decido guardarlo todo dentro de una caja de zapatos y esperar con ellos hasta noche, para darle el último adiós junto a los suyos que conviven conmigo. Ya que ellos como la mayoría que conozco son de hábitos nocturnos, y raras son las excepciones. Y justamente una de ellas era Gautier, de vez en cuando disfrutaba de andar ocupado por la mañana, ya que a estas horas nadie le molestaba.
Se hicieron las ocho y ahí nomas empezaron a aparecer los demás, William, Scott, Aston y Germine fueron los primeros en aparecer, les siguieron Adam, Wendoline y Lot. Como siempre aparecieron con sus caras risueñas y actitud jocosa, que los caracteriza. Chusmeando cosas al pasar, todos alegres con sus miradas inocentes. Evidentemente al mirarme entendieron que algo estaba mal.
Yo no sabia como o por donde empezar. Me quede un rato en silencio en frente de ellos, esperando para ver si alguno hacia algún comentario al respecto. Ellos se reunieron frente a mi, pero nada rompía el silencio a nuestro alrededor. Tome coraje y se los conté, un nueva ola de silencio nos rodeo, pero esta vez ni los ruidos de la calle se escuchaban. Obviamente la noticia había golpeado con fuerza a nuestra reducida fraternidad. La mas afligida por todo parecía ser la pequeña Lot, a quien tome por las manos, con mis dedos pulgar e índice. La console con caricias en la espalda y con las palabras que me salieron en el momento, que a decir verdad no recuerdo cuales fueron.
Entre todos nos despedimos de Gautier, guardamos en la caja junto a él, aquellas que fueron sus herramientas de orfebre, que sacamos de su taller. Y yo me encargue de enterrar a nuestro amigo, bajo el roble del jardín de casa.
Esa misma noche me junte con Scott y Wendoline que además de de ser los mas viejos, eran los que mas conocían a Gautier. Les pregunte si sabían el porque de su decisión. Ya que yo todavía no lograba entenderlo. Scott negó casi en el acto, Wendoline parecía meditar, pero al final su respuesta fue igual. Esto evidenetemente no me sirvió de mucho, pero igual no perdía nada con intentar.
La mañana siguiente, mientras limpiaba el piso de la cocina que ya tenia un fina capa de mugre, solo interrumpida por alguna mancha producto de una gota caída de alguna copa o plato y las evidentes huellas de mis pies recortando la mugre. Me encontré con un pequeño papel, que a primera vista no parecía mas que el ticket del cajero del almacén o algo similar sin importancia. Casualmente me encontraba justo al lado de donde Gautier se había quitado la vida, por lo que me detuve a mirarlo, mientras mi mente divaga entre imágenes y escenas de Gautier. Cuando vuelvo en si veo con mas detenimiento, y me doy cuenta que mas bien parece una pequeña nota. Cuando intento leer lo que tiene escrito me doy cuenta que son pequeñas runas, que por mas que las reconozca, nunca aprendí a leerlas. La guardo con cuidado y una vez más espero el anochecer.
Después de compartir una cena con todos, en la mesa ratona del living, nos quedamos charlando un rato y bebiendo unos tragos. Aston y Adam fueron los primeros en partir, tras compartir algunas anécdotas. William y Lot se retiraron a sus quehaceres ya que acusaban estar algo atareados. Por ultimo quedamos, Germine , Wendoline , Scott y yo, tras un breve intercambio de miradas Germine comprendió que quería un tiempo a solas con los otros dos. Por lo cual pidió permiso y se reitiro con tranquilidad.
Tras asegurarme de estar solos, saque del bolsillo de mi camisa, la pequeña carta. Se las pase, junto con la vela que era la única luz que teníamos en el momento. La tomaron y entre ambos comenzaron a leer para sus adentros. No hizo falta que les explicara nada, se ve que el contenido de la carta era bastante clara. Tardaron un rato en leerlo o por lo menos en sacarle los ojos de encima y volver a hablar. Wendoline aclaro su voz y después de una pequeña introducción, comenzó a traducir lo que acababa de leer.
"Amigos, fieles compañeros, lo que acabo de decidir no fue pensado a la ligera. Más siendo nuestra existencia tan longeva. Ustedes como yo saben que esto no es para nada corriente entre los de nuestra estirpe. La razón de mi decisión no es fácil de explicar, pero para no hacer esta despedida muy larga, tratare de ser breve y claro.
Semanas atrás en mi taller encontré la forma de convertir el agua, junto con otras cosas más, en oro. Tras probarlo una y otra vez, entendí que no había falla en mi formula y que podía hacer cuanto oro quiera cuando quiera. Demás esta decir todas las cosas que me imagine que podría lograr con mi descubrimiento: ayudar a gente necesitada, abrir centros de cuidados, terminar con el hambre y no tardo en venir a mí la idea de erradicar la pobreza. Claro está que, estaba en mi poder la formula para solucionar uno de los mayores problemas de la sociedad.
Pero días después de eso, cuando el fervor del descubrimiento había comenzado a desaparecer, me inundo un sentimiento de terror. Todas las ideas que había tenido positivas, comenzaron a tornarse oscuras. Y termine pensando que un descubrimiento asi solo podía llevar a este mundo a su fin. La codicia, la avaricia de la humanidad no tardaría en explotarlo, generando nuevas guerras, desvalorizando el trabajo, el esfuerzo; y muchas otras cosas que no hace falta nombrar para que se imaginen. Hasta llegarían a acabar con la humanidad tarde o temprano por consumir toda el agua, en busca de más y más oro.
Por lo cual tras días de meditar, junte todos mis papeles, anotaciones, apuntes y cualquier otro garabato que tuviera algo que ver y los queme todos en mi fragua. Y así no correr el riesgo de que algo de aquel invento llegara más lejos. Con eso me vino una depresión. Que oculte lo mejor que pude, para no preocuparlos y evitar así preguntas que irían llegando cada vez mas cerca, de eso que no podía traspasar la frontera de mis labios. Pero como un artista que rompe su obra maestra en un ataque de ira o padre que por error mata a su hijo, mi vida perdió sentido. ¿Para que vivir? si logro mayor a ese no iba a conseguir, si frontera mas no me quedaba por pasar. Y además estaría condenado a guardar silencio de mi mayor descubrimiento. Por lo cual al terminar esta carta voy a terminar con mi vida, me imagino que pronto se van a enterar. Adiós queridos amigos, gracias por todo, los voy a extrañar."
Gautier.
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